Industria 4.0, el objetivo de reducir la brecha digital.

La Cuarta Revolución Industrial está transformando organizaciones en todos los rincones del planeta. Esta propone la consolidación de un mundo digitalizado que mejore las condiciones económicas y sociales de personas, empresas y Estados, a partir de la utilización de tecnologías digitales disruptivas, que van desde Big Data, Inteligencia Artificial y Blockchain, hasta el Internet of Things (IoT) o impresión 3D, entre otras.

Los protagonistas de esta revolución, también conocida como Industria 4.0, son los empresarios y los emprendedores que apuestan por la inversión en tecnologías digitales como punto clave para el desarrollo de modelos de negocios y productos disruptivos, así como la creación de formas innovadoras para llegar hasta clientes que se encuentran en otros mercados.

Asimismo, cada una de las tecnologías antes mencionadas representa para el sector público oportunidades para mejorar la productividad y reducir los costos de los servicios ciudadanos, pero también presenta riesgos, como un aumento de la brecha digital y el diseño de algoritmos que contravengan el bien social. Y el desafío es mayor en un contexto marcado por la inequidad social, como es el de América Latina y el Caribe.

Según el informe Servicios Sociales para Ciudadanos Digitales: oportunidades para América Latina y el Caribe, desarrollado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), esta coyuntura exige de los gobiernos un esfuerzo de planificación y evaluación de los riesgos. Las tecnologías 4.0 permitirán reducir los costos de los servicios sociales sin mermar su calidad (o incluso, aumentándola), pero además posibilitarán adaptar el servicio al usuario, mejorar la transparencia y aumentar la participación ciudadana. Para ello, las administraciones deben entender no sólo cada tecnología individualmente, sino el nuevo ecosistema que confirman las diferentes innovaciones, que están llamadas a diseñar una economía digital donde la función sigue a la forma y que, más que una opción, se convierte en una necesidad impostergable.

Pero no sólo es un trabajo de los gobiernos impulsar la Industria 4.0, sino que las compañías también juegan un rol fundamental. Al fin y al cabo, son las principales desarrolladoras de tecnología sobre las cuales se apoya esta cuarta revolución industrial. De acuerdo a Paula Garnero, coautora del libro Industria 4.0: fabricando el futuro, ‘con la ayuda de sistemas de integración y plataformas digitales, las empresas se integran vertical y horizontalmente, generando mejoras de productividad en toda la cadena de valor en la que participan, y conformando redes dinámicas para potenciar los procesos de innovación’.

La Industria 4.0 también lleva a las empresas a cambiar los modelos de negocios. En particular, se pueden eliminar intermediarios entre fabricantes y consumidores mediante plataformas digitales. A su vez, se desarrollan estrategias de venta con el cliente en el centro de la escena. En este sentido, según la investigadora, ‘el desafío dejó de ser producir mucho con pocos recursos o vender mucho para conseguir una mayor participación en el mercado. Ahora el desafío es personalizar los productos, capturar el valor generado a partir del uso de su producto, y pasar del producto tradicional al producto-plataforma. La tendencia es fabricar productos inteligentes que incorporen servicios’.

Bajo un contexto donde la conectividad y acceso a Internet es cada vez mayor, la Industria 4.0 genera un sinfín de oportunidades en muchos sectores del mercado. Diariamente se generan 2.500 millones de GB de datos, según estimaciones de IBM, mientras que investigadores de Cisco estiman que en 2020 habrá más de 50.000 millones de máquinas conectadas a Internet. Esto, invariablemente, impacta de lleno en todos los aspectos de la vida cotidiana y las empresas.

Queramos o no aceptarlo, el hecho es que esta revolución ya está en marcha. Los gobiernos latinoamericanos son cada vez más conscientes de la brecha existente entre las tecnologías 4.0 y políticas públicas 1.0. De ahí que los enfoques digitales para afrontar retos comunes ya cobren protagonismo en grandes ciudades, como Buenos Aires, Ciudad de México, Quito, Rio de Janeiro y Montevideo, que son conscientes de la urgencia de usar tecnologías en los servicios que prestan a ciudadanos cada vez más digitales.

Su mayor desafío, con la colaboración del sector privado desde ya, será garantizar a esa ciudadanía un fácil acceso a esas tecnologías, de modo que se supere la brecha digital y se mitiguen los riesgos de aumentar de la inequidad social. Aunque la región perdió el tren de la anterior revolución industrial, hoy tiene ante sí la oportunidad de aprovechar al máximo las oportunidades que abre la cuarta revolución industrial para crear servicios sociales más ágiles, eficientes y diseñados alrededor de las necesidades del usuario. Sin esa digitalización personalizada, América Latina y el Caribe truncaría la oportunidad de reducir, de manera significativa, las brechas que aún hacen de esta región la más desigual del mundo.


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